Cara a cara con la Muerte

Existe un lugar en esta Hispania mágica donde uno puede encontrarse con la muerte cara a cara, donde uno puede ver como la Muerte es la más paciente y espera a todos por igual… donde cada ser humano se topa con su principio más real y certero que tenemos como seres finitos: somos perecederos. Por ello antes de entrar unas palabras escritas en la piedra nos advierten de esta manera: “Nos ossos que aqui estamos por los vossos esperamos”, lo que al castellano significa: “Los huesos que aquí estamos por los vuestros esperamos”. Pero para contar esta historia debemos retroceder algunos años en el tiempo…

En nuestro camino a Lisboa teníamos una parada obligatoria: Évora. Una ciudad de corte real que se convirtió en la arteria principal de la cultura, con monumentos e historias tan interesantes como su catedral y la primera embajada del otro extremo del mundo: Japón. Pero la historia a la que nos referimos hoy se guarda entre los muros de un templo de la ciudad.

Recuerdo la típica sensación de tranquilidad que se podía respirar en la igreja de São Francisco, un olor de incienso te acompañaba mientras el ruido de los zapatos de los visitantes rebotaba en silencioso y vacío templo. Nadie diría que unos metros más al fondo estaba esperando una terrible vista. La primera advertencia que encontré se guardaba en una de las capillas laterales, donde bajo un altar barroco estaba reposando el cuerpo incorrupto de Sta. Teresinha do Menino Jesus, una de las tantas personas que había sido bendecida por su contacto o devoción con la divinidad. Pero aquella escultura de cera con rostro sonriente me hizo al menos replantearme cómo sería la muerte, si sería un descanso eterno.

El reloj iba avanzando mientras exploraba cada capilla y rincón de la iglesia, pero aún sabía que faltaba un lugar de aquel templo que aún no había visitado. Por ello eché mano del pequeño papel arrugado que me habían dado como ticket y vislumbré rápidamente un nombre: Capela dos Ossos. Mi poco entendimiento del portugués, y también la inocencia propia de un chaval, me llevaron a pensar que se trataría de alguna capilla donde se guardaría el cuerpo disecado de algún animal, u oso (como el nombre parecía indicar), algo muy normal por otra parte ya que no era la primera vez que veía eso. Por ejemplo, el famoso cocodrilo de la iglesia de S. Ginés en Madrid, que tantas veces había oído hablar de él.

A mi lado se encontraba una pareja, de la cual entre susurros también oí el nombre de capela dos ossos, por lo que sencillamente los seguí. Al llegar al ábside mayor y tomar el camino de la derecha una melodía empezó a surgir en el ambiente. Una melodía tétrica, sacada de un órgano que parecía venir de ultratumba, y que, a mí en particular, me atravesaba el alma. Estaba distraído mirando los tickets de los monumentos, y las fotos de mi cámara digital, cuando quise darme cuenta de que habíamos cambiado de habitación, mientras la música del órgano se hacía más palpable y cercana, y la pareja que llevaba delante había desaparecido, quedándome solo en la sala.

Cuando alcé la vista unos ojos ensangrentados que parecían mirarme fijamente pidiendo clemencia se clavaron en mí, al tiempo que se vislumbraba el rostro demacrado de un Cristo arrodillado portando la cruz. He de decir que a día de hoy me sigue produciendo el mismo escalofrío que en su momento, y que su mirada aún sigue irradiando un lado oscuro.

Tal era el poder de terror que contenía aquella mirada que instantáneamente me hizo retroceder hacia las paredes de la sala, evitando tener cualquier contacto visual. Apegado a las azules paredes alicatadas de la habitación, me dejé conducir por sus escenas de via crucis llenas de muerte y violencia hacia la otra habitación a medida que aquella música de órgano que había empezado a escuchar en la iglesia se hacía más palpable y retumbaba en mi interior.

De esta manera, y cabizbajo llegué a las puertas de la capilla, donde en su frontón rezaba la frase: NOS OSSOS QUE AQUÍ ESTAMOS POR LOS VOSSOS ESPERAMOS. Decidido a entrar, di un paso al frente y caminé por debajo de aquella frase lapidaria que aún no entendía muy bien su significado. El espectáculo que me esperaba al otro lado de la sala era cuanto menos grotesco.

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Como si hubiese pasado a través de alguna especie de puerta dimensional, al otro lado la primera sensación que tuve fue sonora. Finalmente sabía que aquella música de órgano provenía del interior de la sala. Se trataba de música clásica, exactamente el Réquiem de Mozart, la cual ayudaba a enturbiar el ambiente y crear toda una atmósfera oscura. La segunda sensación vino de parte de la percepción, ya que tras reconocer la música sentí como si mil ojos estuviesen observándome fijamente desde todos los lados de la habitación. Nada más lejos de la realidad. Giré la cabeza para saber qué tenía de especial aquella habitación y encontré la respuesta delante de mis ojos: cinco hileras de calaveras que subían hasta el techo de la habitación decoraban la pared. Ahí tenía la respuesta a mi percepción.

Los pares de ojos huecos y vacíos de vida de las calaveras fijaban la mirada en mí. Pero no solo estaban aquellas calaveras. La gran confusión y terror que me causó aquellas calaveras no era más que el principio de la capilla, ya que tras apartar la vista de ellas lo que encontré a mi alrededor era un auténtico espectáculo macabro.

Estaba en una capilla decorada exclusivamente con miles y miles de huesos humanos usados a modo de sustento en las paredes y ventanas. Cúbitos y radios hacían de dovelas de los arcos, donde la pieza central, la clave, estaba enmarcada por dos, cuatro coxis con una calavera como centro.

Las paredes estaban sustentadas a base de cientos y cientos de tibias, peronés, y todo lo que pudiese colaborar. De las pocas ventanas donde entraba la claridad estaban recubiertas y enmarcadas por otras tantas calaveras. Pero ahí no acaba el juego macabro…

Los fustes de las seis columnas que daban soporte a la capilla igualmente estaban hechos a base de cúbitos y radios apilados horizontalmente, mientras que en las esquinas se servían de calaveras para completar el decorado.

Pero aquí no termina el juego macabro, ya que si uno miraba hacia el techo se encontraba una clara continuación. Tras seguir visualmente las columnas, uno llegaba a su capitel, donde nuevamente encontraba esos ojos vacíos que asomaban desde las alturas, y que siguiendo el trazado de las bóvedas conectaban con las otras columnas.

Todo un espectáculo propio de un sueño onírico, solo que esta vez no me podía “pellizcar” para salir del sueño.

Casi sin poder huir del lugar, cada calavera, a través de sus ojos huecos, parecía contarme una historia, su propia vida. Todas apuntaban hacia mí, como si quisieran narrar cómo era la muerte a aquellos atrevidos que eran capaces de plantarles cara y devolverles la mirada a sus cóncavos ojos. Yo simplemente no pude alzar la mirada a aquellos huesos, que un tiempo atrás fueron personas como nosotros, y que como dictaba la frase de su puerta: “aquí os esperamos”. Solo un pensamiento recorría mi mente continuamente: que aquellas calaveras habían sido, tiempo atrás, personas, hombres, mujeres, niños. Y que como tales, habían tenido su lugar en el mundo, su vida, sus amores, familia… y con ello una verdad inamovible: que, al igual que ellos, yo también era un ser mortal, y algún día también pasaría a su realidad existencial.

NOS OSSOS QUE AQUI ESTAMOS PELOS VOSSOS ESPERAMOS

NOS OSSOS QUE AQUI ESTAMOS PELOS VOSSOS ESPERAMOS

Así, de esta manera, accedí a un secreto que está al acceso de todos pero que no queremos ser conscientes. Y es que de las pocas certezas inamovibles que estamos seguros es que el tiempo gira solo en una dirección, que estamos aferrados a esa dirección, y que somos perecederos.

En otras palabras,

“Aprovechemos el tiempo que nos han dado en la Tierra para que sea algo memorable”

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Una momia moderna

Un 21 de enero de 1924, en pleno invierno blanco moscovita, Vladímir Ilich Uliánov (más conocido como Lenin) se despedía del mundo socialista que había empezado a dar forma, y con él, una parte de la Historia del siglo XX.

Lenin

Una de las últimas fotos de Lenin

Días después, el 23 de enero, se le encargó al arquitecto Alexei Shchúsev una estructura para dar cobijo al cuerpo de Lenin, el cual también fue encargado embalsamar para el funeral por A. Abrikósov. Tras días arduos de trabajo, finalmente el 27 de enero, tras un largo funeral, Lenin fue conducido a la Plaza Roja acompañado por todo el corpus del Estado y con personajes tan conocidos como Stalin y Trotsky. Finalmente fue depositado en el mausoleo de madera que apenas había terminado de Shchúsev, el cual contaba con una estructura cúbica.

plaza roja antes del mausoleo

Ubicación del mausoleo antes de que se construyese

Primer Mausoleo de Lenin

Primer mausoleo de Lenin

En agosto de ese mismo año, el primer mausoleo fue sustituido por una segunda estructura (igual de madera) que contaba una estructura completamente nueva (y que influenció totalmente la forma del tercer mausoleo). También con tribunas, tan demandadas en el primer proyecto para poder dar discursos desde el.

2º mausoleo 1 2º mausoleo

Imágenes durante la construcción del 2º mausoleo

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Imágenes con el resultado final del 2º mausoleo, donde se observa la guardia o centinelas número uno.

También en ese tiempo Konstantín Mélnikov configuraba el sarcófago para Lenin.

Konstantín Mélnikov sarcofago

Bocetos del sarcófago para Lenin

En 1929 y con vistas a un futuro más longevo para Lenin y su mausoleo, se acordó aplicar técnicas de embalsamiento para conservar el cuerpo de Lenin durante mucho más tiempo. A la par se contrató a nuevos arquitectos como I.A. Frantsuz, G.K. Yákovlev y al ya conocido Shchúsev para la construcción de un tercer mausoleo, que es el mismo que podemos ver hoy en la actualidad. Para ello contaron con materiales tales como el mármol, pórfidos, granito, labradorita… Todos ellos en unos tonos oscuros, oscilando entre el rojo y el negro.

3º mausoleo 1 3º mausoleo

Imágenes de la construcción del 3º mausoleo y definitivo
El diseño final que hoy podemos ver consta de una planta cuadrado en la cual se van superponiendo niveles, al modo de un ziguratt mesopotámico, todo ello construido a base de formas macizas que se van conectan para crear esa pirámide escalonada. En el segundo piso se creó una tribuna (a la cual se accede por las dos escaleras ubicadas a cada lado de la entrada principal), a través de la cual el Politburó y los altos mandatarios hacían práctica de su oratoria en los discursos. Allí estuvieron desde Stalin, pasando por Brézhnev, Yuri Gagarin… Y el último de ellos en realizar un discurso desde allí: Vladimir Putin.

3º mausoleo

Por último, en el piso superior encontramos el remate a esta estructura basado en una planta rectangular que a modo de segunda tribuna cubierta cierra el mausoleo. Pero antes de poder acceder a su interior deberemos toparnos con el Centinela número uno, designado desde la misma fundación del mausoleo (y desde 1997 trasladado a la Tumba del soldado desconocido), destinado a salvaguardar el mausoleo las 24 h. del día.

3º mausoleo

Centinelas número uno

Tras haber pasado esa frontera inicial y por debajo de la gran placa con la palabra Ле́нин (LENIN) en cuarcita roja, nos adentramos por un pequeño pasillo pegado al muro que nos conduce a través de penumbras, literalmente, al sancta sanctorum, a la habitación donde la momia nos recibe en un absoluto silencio sepulcral. En este espacio interior nos recibe el sarcófago de Lenin en mitad del espacio cúbico y el techo escalonado, donde el juego de luces crea una atmósfera en tensión, donde uno no puede apartar la mirada fija y, al menos, pensar que está ante un pedazo de la Historia del siglo XX, que sigue en pie tras un siglo….

Lenin sarcófago
Pero el mausoleo no siempre fue estático y mantuvo la misma apariencia, ya que durante todo su trayecto fue mutando.

infografia lenin

Algunos datos sobre el mausoleo

En la siguiente fotografía podemos ver cómo fue ocultado durante la 2º Guerra Mundial por un edificio para evitar los bombardeos. Así mismo, el cuerpo embalsamado fue trasladado a Tyumen, siendo devuelto en abril de 1945.

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Mausoleo ocultado bajo el edificio. 2 GM
Tras el final de la guerra el mausoleo volvió a su ser, aunque en 1953 acogió durante algún tiempo al sucesor de Lenin: Stalin. Lo cual duró muy poco, hasta 1961, producto de la desestanilización los restos fueron enterrados afuera del mausoleo, junto con otros personajes y políticos relevantes de la URSS.

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Fachada del mausoleo con los nombres de Lenin y Stalin

Así llegamos hasta 1973, año en el cual se introdujo un nuevo sarcófago para Lenin, hecho por Nikolái Tomski, que es el mismo que podemos ver en la actualidad.

sarcofago º sarcofago

Aspecto actual del interior del mausoleo.
Pero el mausoleo tampoco estuvo exento de ataques y vejaciones que desde fechas muy tempranas se dieron (desde 1934). Desde intentar tirotear el sarcófago, pasando por objetos arrojadizos como martillos, bombas… Pero en ninguna de ellas, que se sepa, los cuerpos fueron mutilados o agredidos, lo que sin duda engrandeció a la propia momia de Lenin.

Pero aún no hemos hablado de la embalsamación del cuerpo y las técnicas de conservación. Por ello os remito esta entrevista con los embalsamadores y su particular aventura, una historia muy interesante. Podéis clicar aquí: http://prodavinci.com/2013/03/07/actualidad/sobre-el-embalsamiento-de-lenin/

Sin duda, el mausoleo de Lenin es uno de esos lugares del planeta, que al menos (en mi opinión), merece visitarse una vez en la vida, ya que posiblemente no parece que tenga un horizonte muy lejano.

Fuentes y fotografías:

http://www.urbipedia.com

http://www.peinadosde.com

http://www.englishrussia.com

http://www.marxists.org

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Cristo de la Luz

Hoy inauguramos una nueva sección en la web, y como primer destino he querido elegir la ciudad llamada de las tres culturas: Toledo. Dentro de sus murallas existe una leyenda (de las múltiples que hay sólo allí) asignada a un templo.

Vista y plano de Toledo

Plano y vista de Toledo, Greco

Pero para ello tenemos que viajar hacia el siglo X, exactamente al año 999, fecha en la que se construyó la mezquita de Bab al-Mardum, llamada así por su proximidad a la puerta con el mismo nombre. Conocemos la fecha exacta gracias a una inscripción encontrada en 1899, la cual decía lo siguiente:

“Basmala hizo levantar esta mezquita Ahmad ibn Hadidi, de su peculio, solicitando la recompensa ultraterrena de Allah por ello y se terminó, con el auxilio de Allah, bajo la dirección de Musa ibn Ali, el arquitecto, y de Saada, concluyéndose en Muharraq del año trescientos noventa” (Inscripción fundacional, 13 de diciembre del año 999/11 de enero del año 1000).

La mezquita, debatida sobre su uso privado o erigida para ganar el favor de Allá, se encontraba en la zona llamada Al Hizam próxima a la Alcazaba, donde se han encontrado varias casas suntuosas/palacios, por lo que se deduce la importancia de este barrio. Nos encontramos con una estructura de planta cuadrada dividida en nueve espacios, donde en su fachada exterior (hecha en ladrillo) tenemos elementos típicos tanto del arte islámico como del visigodo, como los arcos polilobulados, policromados, de herradura, superpuestos…

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Detalle de los arcos

Una vez entramos en la mezquita nos encontramos con su continuidad de belleza respecto al exterior, pero en este caso tendremos que alzar la vista hacia cielo para poder contemplar dicha belleza. En los nueve espacios en que está dividida la planta nos topamos con un juego usual en el arte califal: el juego de sus nervios de la bóveda, creando formas caprichosas y estrelladas.

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Soportadas estas a su vez por arcos de herradura, los cuales descansan en columnas reaprovechadas con capiteles visigodos.

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En 1085 Toledo pasa al dominio cristiano por la mano de Alfonso VI, y tras un siglo volvemos a encontrar la pista de la mezquita en un documento datado hacia 1183 donde expresamente declara la donación del edificio a la Orden de San Juan de Jerusalén por parte de un tal Domingo Pérez y Juliana (esposa). Tres años después finalmente es consagrada como como la iglesia de Santa Cruz, adosándose un ábside en dirección noreste (el cual es el que podemos ver hoy en día), una de las copias más antiguas de arte mudéjar en Toledo, el cual imita la fachada de la anterior mezquita añadiéndole dos bandas de arcos, donde en la inferior nos encontramos dobles arcos de medio punto que se integran en el muro, y en la parte superior arcos apuntados lobulados, donde en su interior nos volvemos a encontrar otro arco, esta vez túmido y ciegos (excepto algunos, igual que en la parte inferior). En el interior del nuevo ábside, hoy en día nos encontramos con unas pinturas iconográficamente románicas, donde, a pesar de la mala conservación, podemos distinguir algunas figuras como el Pantócrator central rodeado por los cuatro evangelistas (tetramorfos).

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Pero cualquiera que haya oído, o visto la ciudad de Toledo, y en especial esta mezquita/iglesia sabrá que Toledo es sinónimo de leyenda, y en este caso no va a ser para menos. Porque aunque aquí la hemos citado como la mezquita de Bab al-Mardum o de Santa Cruz, el edificio recibe otro nombre algo distinto: Cristo de la Luz. Y recibe este nombre por una leyenda que tiene como protagonista al rey Alfonso VI.

La leyenda narra lo siguiente…

“En el año de la hégira del 463, tras la rendición de Toledo fue tomada por rey cristiano Alfonso VI. Junto con todo su séquito se dispuso a entrar a la ciudad por la puerta de la Bab al-Shaqra. Tras atravesar un trecho de la ciudad, y pasar por la puerta de Bab al-Mardum y tomar la cuesta hacia la Alcazaba, su caballo extrañamente se detuvo ante la mezquita que presidía la zona. Sin posibilidad alguna y de todas las maneras posibles, Alfonso intentó volver a la marcha pero el animal no hizo ningún gesto de proseguir la marcha, y tomado como un presagio Alfonso lo aceptó. Tras entrar en dicha mezquita, en una de sus paredes notó como desprendía un brillo a través de sus ladrillos.

Inmediatamente mandó abrir una brecha en el muro, y para admiración de todos y asombro, tras el muro se descubrió la talla de un Cristo crucificado, acompañado por una extraña lámpara la cual, de manera únicamente milagrosa, sostenía la luz que había estado brillando nada más que casi 400 años. El hecho se aceptó como un hecho milagroso, por el cual Cristo aprobaba la toma de la ciudad”

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Alfonso VI

Actualmente los vestigios de esta leyenda, aparte de encontrarlos en la toponimia del lugar, los encontramos en un cristo llamado de la Luz, guardado en el Museo de Santa Cruz, en Toledo.

Pero si indagamos un poco más en la historia, encontraremos que estas lámparas inextinguibles no son algo nuevo e inusual, ya que al mismo Alfonso VI le pasa lo mismo en su camino por Madrid. Y a otros tantos reyes como Alfonso VIII, García Sánchez III… Pero la historia de estas lámparas aún se retrotrae mucho más en el tiempo, bastantes siglos más atrás, pero eso son otras historias que con el tiempo iremos descifrando…

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Nueva sección

Este viernes os traemos una nueva sección. Una sección donde viajaremos por este continente en miniatura llamado Península Ibérica, una tierra que a medida que uno descubre algo más sobre ella más misteriosa e increíble se torna.

Y es que esta Iberia ha sido morada de héroes como Hércules, de tesoros míticos como la Mesa de Salomón, última morada (según la tradición) del apóstol Santiago, de un camino ancestral que según los antiguos llevaba nada más ni menos que al mismísimo fin del mundo: Finis Terrae… De historias donde las hadas y los seres mágicos están muy presentes, de magnicidios, y por supuesto de las múltiples leyendas que se encuentran en casa esquina.

Por eso me he visto obligado a abordar el tema, para que entre todos conozcamos un poco más de este lugar, seguramente único en el mundo. Lo titularemos: Hispania mágica

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La morada de los hombres ilustres (y olvidados)

Hoy os quiero traer uno de los lugares más importante de Madrid, y posiblemente, uno de los más olvidados. Pero para eso tenemos que retrasarnos en el tiempo hacia mediados del siglo XIX.

Tras la Revolución Francesa, la idea de homenajear a los hombres que marcaron una etapa en la Historia de sus países se difundió por el viejo continente, dejando testimonios por toda Europa. En España no iba a ser menos, y en 1837 se decretó crear un panteón nacional donde dar cobijo a los grandes personajes españoles. Aunque esta idea no floreció en el acto, ya que tras 32 años, en 1869 (exactamente el 31 de mayo) se aprobó crear este monumento.

Y el lugar elegido fue ni más ni menos que la iglesia de San Francisco el Grande, donde a finales de junio se “engalanó” para recibir a estos hombres, que en procesión por Madrid y acompañados por un gran desfile (algo que tuvo sin duda que ser digno de ver) terminaron llegando a las puertas del templo, acompañados por 100 salvas de cañones que anunciaban su entrada en el templo. Y es que entre estos hombres que allí iban a ser enterrados teníamos a Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Ventura Rodríguez, Villanueva, Gravina…

S. Fco. el Grande J.Cebrián XIX[4]

Grabado de San Francisco el Grande

Pero si algo caracteriza a este siglo XIX español es su inestabilidad, y por desgracia, en esta situación no iba a ser menos. Finalmente, tras este intento de reconocer a los hombres ilustres de la Historia de España, el panteón se fue disgregando, y como dijo una vez un dicho: “cada mochuelo a su olivo”. Calderón, por su parte, en 1874 volvió a ser trasladado al cementerio de San Nicolás, Villanueva y Ventura por su parte fueron a parar a Real Congregación de Arquitectos de Nuestra Señora de Belén en su Huida a Egipto… Y así con cada hombre ilustre, su destino se fue separando de San Francisco el Grande y acabando en múltiples lugares.

Paralelamente a estos hechos, en pleno Atocha nos encontramos con la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, la cual fue transformada en una especie de hospital de inválidos de guerra tras la expulsión de los monjes en 1834. Poco a poco esta iglesia/hospital fue acogiendo los restos mortales de generales tan importantes como Palafox, Francisco Castaño, Manuel Gutiérrez de la Concha, o el conocidísimo (por las últimas noticias y su bicentenario) el general Prim.
Iglesia Ntra. Señora de Atocha

Nuestra Señora de Atocha

Tras este panorama, un tanto desolador, llegamos a finales del XIX, exactamente al año 1888 cuando la regente María Cristina (viuda de Alfonso XII) ordenó la construcción de un nuevo panteón de hombres ilustres, escogiendo el espacio de la antigua iglesia de Ntra. Señora de Atocha (la cual estaba prácticamente derruida). Y para la construcción de esta nueva iglesia (con su panteón adosado) se escogió al arquitecto Fernando Arbós, ganador del concurso convocado en 1890.

El proyecto de Arbós apostaba por un conjunto neobizantino, similar al posterior templo de San Manuel y San Benito (edificado por el mismo arquitecto por la década de 1910), que contaba con una iglesia, un “campanille” inspirado en el de San Marcos de Venecia y los colores del campanille de Siena, y un panteón, el cual contaba con una planta cuadrada compuesta por una arquería apuntada polilobulada que daban a un patio exterior (similar al camposanto de Pisa) y coronada por cúpulas.

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Proyecto de Fernando Arbós

Tras la aprobación de las obras y fondos, los trabajos comenzaron su andadura en 1891 aunque su trayecto no fue demasiado largo…

Y es que diez años después, en 1901 las obras cesaron, aunque por suerte tanto el campanario como el panteón habían sido finalizados.

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Obras en el Panteón de los hombres ilustres

El principal problema del cese de estas obras fueron por causas meramente económicas, ya que esta obra ambiciosa supuso un coste económico inviable debido a diversas razones, entre las cuales también estaba la construcción de la Cripta de la Almudena que se estaba construyendo paralelamente al panteón.

Finalmente, y tras el cese total de las obras, el conjunto fue terminado en los años 50, tras el azaroso destino de la iglesia, la cual había sido reedificada en 1926 pero diez años más tarde (otra vez) fue destruida durante la Guerra Civil debido al incendio y derrumbe que sufrió. Y no fue hasta 1951 cuando se volvió a inaugurar la nueva iglesia, la que hoy podemos ver en la actualidad. Dando así fin al conjunto que hoy preside este sitio de Atocha.

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Actual estado de la iglesia de Ntra. Señora de Atocha

Pero aquí no termina su historia, ya que aun teniendo un panteón ahora faltaba “ocuparlo” con los hombres ilustres. Y entre los primeros ilustres que lo ocuparon tenemos al general Prim, Castaños, Palafox, Ríos Rosas y el marqués del Duero… Posteriormente fueron entrando políticos y presidentes, como Cánovas, Dato, Canalejas (casualmente asesinados los tres junto con Prim), Sagasta, y el mausoleo conjunto de Mendizábal, Calatrava y Argüelles. Pero al igual que en el pasado, la historia se repitió, y algunos de estos volvieron a su lugar de origen. Poco a poco fueron trasladándose los restos de Palafox a Zaragoza en 1958, Castaños a Bailén en 1963 y finalmente en 1971 fue trasladado Prim a Reus, quedando únicamente los cenotafios de Cánovas, Dato, Sagasta, Canalejas, el marqués del Duero y el mausoleo conjunto.

Sagasta

Tumba de Sagasta

Rios Rosas

Tumba de Ríos Rosas

Canalejas

Tumba de Canalejas

Dato

Tumba de Dato

Duero

Tumba del marqués del Duero

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Mausoleo conjunto

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Tumba de Cánovas

Tristemente con el paso de los años, el panteón se fue degradando y cayendo en el olvido, hasta el punto que en la década de los 80 fue rescatado por el Gobierno y restaurado en los años posteriores, abriéndose finalmente al público.

A día de hoy el panteón, a mi parecer, es uno de los lugares posiblemente menos visitado de Madrid, pero que aun así guarda su encanto e invito a cualquiera a que vaya a visitarlo y hacerse partícipe de la Historia allí guardada de los grandes políticos del XIX y XX.

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53 días

Recuerdo el día en que el mismísimo santo, guiado por las estrellas del cielo, me encomendó su divino favor al cual yo le respondí ofreciéndole una auténtica fortaleza donde rendir devoción y culto a la vez que se dignaban oraciones para honrar el alma de mis padres.

Recuerdo que elegí tal sitio atraído por mi misión de cerrar con un lugar sagrado el sitio maldito donde la tradición popular llamaba “Boca del Infierno”, aunque sin duda en estos últimos años parece que el Diablo en persona se está vengando de tal desafío. Llegué a mi particular templo a principios de julio, tras un largo camino desde la Villa, el más largo de mi vida, y ahora sé que aquí y ahora he de morir. A cada día que pasa escucho el tañido de las campanas, las oraciones y el altar, el cual gracias a mis recomendaciones puedo ver con apenas girar la cabeza ya que esta enfermedad me tiene postrado en cama durante todo lo que dura un día y una noche…

Sé que es mi hora, y para ello preparé minuciosamente todo en cuanto estuvo en mi mano… Reliquias como la de San Sebastián, Vicente, o Albano me acompañan en estas mis últimas horas, acompañado en todo momento de mis leales servidores que entonan pasajes de la Biblia. Incluso mandé mi propia cama para mi eternidad, hecha por designio de Dios. Pero entre todos estos símbolos para apoyar mi viaje a los Cielos hay uno que no deja de aterrarme cada noche y a la vez maravillarme… Como si de tratarse de una visión apocalíptica, delante de mis ojos se torna una extensa tabla que en su exterior me muestra un mundo vacío y gris, un pre-mundo, la oscuridad antes de que Dios moldease todo lo existente. Y es que esta visión se interrumpe una vez que de su centro se abre hacia mí, y me muestra todo el poder del Cielo e Infierno. A un lado puedo ver el propio paraíso, Edén, la tierra primigenia poblada de fauna y flora llena de luz… pero al otro lado se me antoja otro paisaje muy distinto, lleno de horror y crueldad. La violencia inunda el espacio de la tabla, como si el propio pintor hubiese podido ver todos los horrores y violencia del Infierno, los cuales han sido traslados a este mundo, nuestro mundo terrenal.

Aunque tengo miedo a morir, ya que soy mortal como cualquier otro de este mundo, sé que apenas quedan unas horas para el inevitable desenlace, y agarrado al crucifijo con el cual murió también mi padre y tras encomendar mi alma a Dios solo me queda un único asunto: ¿Adónde irá mi alma? ¿A ese jardín primigenio donde reunirme con mi Creador y familia? ¿O por el contrario mi alma sufrirá el castigo eterno? Sea cual fuere aquí termina un capítulo de la Historia…

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Aunque, de manera ficticia respecto a este pequeño prólogo de los pensamientos de Felipe II, así tuvieron que ser los últimos días del rey más poderoso de la Europa del s. XVI: Felipe II. Gracias a sus cronistas (Sigüenza entre ellos), sabemos cómo la salud del rey fue empeorando desde 1592 para finalmente seis años después la enfermedad lo llevase a otra vida. Y es que desde su traslado, el 30 de junio, de Madrid a El Escorial, esos 53 días que pasaron sin duda fueron los peores días de su vida, llenos de crueldad y de una enfermedad la cual a cada día le pasaba más factura. Dicha enfermedad fue la gota, la cual también sufrió su padre, Carlos V.

Sabemos que en sus últimos meses se dispuso de un verdadero arsenal de reliquias, pasajes bíblicos, e innumerables instrumentos más para asegurar su pasaje al otro lado. ¿Pero por qué el hombre más poderoso de Europa tenía miedo no a la muerte, sino al destino de su alma?

Fray Diego de Yepes, según nos cuenta Sigüenza, actuó como confesor del rey, y durante tres días estuvo declarando absolutamente toda su vida. Y su labor no terminó ahí, sino que durante una de las operaciones para curar esos “postema”, el mismo confesor por orden del rey, le ordenó que durante su operación (dolorosa cuanto menos) le recitase la pasión según S. Mateo

“A su confesor el padre fray Diego de Yepes, que le leyese la pasión de San Mateo, consideración llena de piedad y de ejemplo”

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Diego de Yepes

Fue una enfermedad que desde aquel 6 de julio que entró en su particular templo de Salomón, fue consumiéndole tanto la carne como el alma, y es que como nos cuenta nuestro particular narrador, tenía cuatro llagas tanto en manos como en pies, aparte de tener un absceso en la rodilla. Lo cual le provocó la inmovilidad de la mano para poder firmar documentos como una total inmovilidad, que le obligó a estar en cama las 24h. del día. Y es que a esto se le sumó un principio de hidropesía, que como narra Sigüenza:

“La recaída y calenturas del miércoles 22 de julio eran dobles […], se juntó un principio de hidropesía, hinchándosele el vientre, muslos y piernas, causándole una implacable sed”

Y es que aquí no acaba el cuadro tan terrorífico que enmarcó estos 53 días de sufrimiento, ya que como dijimos anteriormente el rey se valió de mil y un reliquias para aliviar su cuerpo y espíritu. Entre ellas tenemos la rodilla de San Sebastián, la costilla del obispo Albano, el brazo de Vicente Ferrer…

“Mandó que le trajesen algunas de las santas reliquias […] se hizo así, el uno llevó la rodilla entera con el hueso y pellejo de San Sebastian; otro una costilla del obispo Albano (enviado por el Papa Clemente VIII); y el tercero el brazo de San Vicente Ferrer”

Junto a estas reliquias, las cuales se dice que llegaba a besar y colocar en los sitios con más dolor, la habitación del rey fue cogiendo un aura de excesivo cristianismo, y es que mandó colocar imágenes y crucifijos por todos los lados de la habitación junto con cuadros tan simbólicos como los creados por Hieronimus Van Aken, y su visión espiritual.

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“Ahora en este tercio postrero y ultimo aprieto, mandó poner a todos los lados de la cama y paredes, crucifijos e imágenes; Mandó hacer muchas y notables limosnas en estos días que duró la enfermedad”

Ya a principios de septiembre, y temeroso de que la muerte le sobreviniera, decidió comulgar por última vez, incluyendo la extremaunción que, palabras de Sigüenza,

“mandó a su confesor que le llevase el Manual, libro donde se administran los Santos Sacramentos, y le leyese todo lo que éste tocaba sin dejar letra”.

Por último, en los últimos días de su vida ordenó sus dos últimas peticiones, seguramente las dos más importantes. Una de ellas fue empuñar un crucifijo, con el que su padre Carlos V había muerto, por lo que Felipe II quiso seguir la tradición y lo dispusieron dentro de la cama del rey, y a petición de éste, lo retirarían una vez hubiese muerto para que su hijo, Felipe III, dispusiese del mismo para seguir este ritual.

Y el último deseo del rey, quizá uno de los aspectos más interesantes de su sepultura, fue dar traza y modo para amoldar su lugar hacia la eternidad. Y es que mandó fabricar su propio ataúd con una madera un tanto especial… Hacía unos cuantos años, pasando por Lisboa, el rey vislumbró a un barco varado en la arena llamado “Cinco llagas” (curiosa coincidencia), y viendo el fenómeno como si se tratase de un mensaje divino ordenó que con la madera de aquel barco varado hiciesen su ataúd. También ordenó que lo envolviesen en una caja de plomo dentro del ataúd, para evitar los malos olores.

Finalmente, en la madrugada del 12 al 13 de septiembre a las cinco de la madrugada, el rey Felipe II dejó este mundo.

Sin duda, la muerte del rey más poderoso de Europa fue la de un rey que temía a la muerte, que casi leyendo entre líneas podemos ver que no tenía claro cuál iba a ser su papel en el Más Allá, y dónde terminaría su alma. Incluso podemos determinar que casi quiso “comprar el Cielo”, rodeándose de toda clase de reliquias y cuadros para asegurar su paso al paraíso.

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AVIONES

Si algo ha cambiado los cielos en menos de un siglo sin duda ha sido el logro de poder romper la barrera de la gravedad e impulsarnos a kilómetros del suelo con nuestros particulares “pájaros” de metal. Desde aquel 17 de diciembre de principios de siglo XX donde se comenzó a hacer historia, pasando por el uso militar y comercial de los mismos, incluso alcanzando lugares que seguramente nadie pensaría que llegaría a pisar el ser humano, los aviones han cambiado nuestra visión de los cielos llegando incluso a normalizar nuestras emociones al ver esas moles sobrevolar nuestras cabezas.

Pero para mí, poder ver a esos gigantes ha sido inspiración y emoción al mismo tiempo, un recuerdo de que a través de ellos podemos contemplar el mundo tal y como es, y ver también que no existen ni fronteras ni muros y disfrutar de esa sensación de privilegio al poder contemplar a vista de pájaro lo que todo ser humano durante su Historia ha anhelado.

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Y aunque uno no pueda ser siempre partícipe de sentir esa vista de pájaro puede asistir también al espectáculo de ver como se despegan del suelo y se alejan hacia un horizonte desconocido. Con esas mismas ganas de poder sentir esa sensación me aventuré a estudiar la zona aledaña al aeropuerto de Barajas, acompañado de Google Earth. Así di con, posiblemente hasta ahora, el mejor lugar para poder ver ese espectáculo y de paso, una visión del skyline de Madrid. Dicho lugar se encuentra al lado del aeropuerto, en una pequeña colina desde la cual podemos apreciar la inmensidad de Madrid. Se trata de Paracuellos de Jarama, famoso anteriormente por los hechos acaecidos en la Guerra Civil, una pequeña población junto a Barajas.

Tras pasar por el gigantesco túnel que la separa de Madrid, el cual pasa por debajo de las pistas del aeropuerto, y subir la serpenteante carretera que nos separaba del objetivo último, finalmente llegué a mi destino: un pequeño parque rectangular que compite por las mejores vistas de Madrid junto con el cerro del Tío Pío. Nada más llegar, y con la soledad de aquel parque (poco transitado) me topé con el auténtico espectáculo del aeropuerto.

Mientras el sol, allá por el horizonte, se iba desplazando uno podía ver como cientos de aviones asistían al mismo ritual y finalmente se desprendían del suelo y tras las luces se escondían en el cielo, y con él miles de historias que aguardaban en su interior.

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Preguntas tales como ¿Adónde irán? ¿Moscú? ¿París? ¿Nueva York? O tal vez a la otra punta del mundo tal como San Francisco, o Tokyo, eran frecuentes.

Tras ponerse el sol bajo el horizonte y poder disfrutar de uno de los mejores atardeceres de la ciudad bajo el contraste de sus edificios, comenzaba otro espectáculo no menos impresionante. Una especie de “universo” en la Tierra, donde miles de luces se posaban en la noche, y otras cientos parpadeaban a la vez que se perdían bajo la noche.

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Por eso, desde Misterios de Madrid he querido acercaros este lugar, del cual poco he oído hablar y el cual merece muchísimo la pena visitar para asistir a la magia del atardecer, ahora que estamos a finales del verano. ¡Espero que vayáis y por supuesto que me contéis vuestra experiencia!

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