El día que conocí al Diablo

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Por todos es bien sabido que en Madrid reside en los antiguos jardines reales una figura suprema y universalmente conocida por todos: el Diablo. El Diablo, o Lucifer, fue en primera  instancia un querubín del  Reino de los Cielos, el cual quiso compararse y derrocar a Dios, lo que conllevo a una guerra entre ángeles que terminó con la caída de Lucifer y su conversión.

Más allá de las historias bíblicas sobre el nacimiento del mal, esta figura demoniaca se ubica en un cruce de caminos que conecta la parte oeste con la parte este del Retiro, emplazada allí por Duque de Fernán Núñez tras adquirirla. Y es que esta estatua, elaborada por el gran Ricardo Bellver en su estancia en Roma (hacia el 1876), ha logrado rodearse de títulos tales como la Medalla de Primera Clase, concedida a Bellver  en la Exposición Nacional de Bellas Artes, e incluso el Primer Premio de la Exposición Universal de París. Junto a estos premios y admiraciones, en mi opinión muy merecidos, también esta escultura guarda un halo de misterio, y no solo por ser el mismísimo Lucifer.

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Esta escultura, como anteriormente habíamos dicho,  aparte de logros también guarda secretos como cualquier rincón de Madrid. Uno de los que más me sorprendió y que ha podido ser comprobado en varias ocasiones es su altura respecto al nivel del mar, ¿sabéis cuál es? La friolera cifra de 666 metros. Sí, el número de la bestia, el número por antonomasia del mal.

“[…] nadie podía comprar o vender si no llevaba marcado el nombre de la bestia o la cifra que corresponde a su nombre […]”

Aunque sabemos que esta altura no es exactamente 666, sino aproximadamente unos 665, 5 m., no deja de sorprender la macabra casualidad. Y es que esta no es la única “casualidad” que encontramos en Lucifer. Hacia el año 1989 se encargó una copia llevada a cabo por la Escuela Taller de Vaciados y Reproducciones Artísticas, por lo que tuvieron que trasladar a Lucifer hasta la calle Alcalá, y cuál fue la sorpresa que al vaciar la fuente que rodeada a este demonio se toparon con un foso de más de tres metros de altura, casi un túnel hacia el averno.

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Detalle de la fuente del ángel caído

Y es que esta figura aún guarda celosamente muchos más secretos. ¿Queréis averiguarlos? En el próximo post hablaré sobre mi encuentro cara a cara con el “Portador de la luz”.

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