Cara a cara con la Muerte

Existe un lugar en esta Hispania mágica donde uno puede encontrarse con la muerte cara a cara, donde uno puede ver como la Muerte es la más paciente y espera a todos por igual… donde cada ser humano se topa con su principio más real y certero que tenemos como seres finitos: somos perecederos. Por ello antes de entrar unas palabras escritas en la piedra nos advierten de esta manera: “Nos ossos que aqui estamos por los vossos esperamos”, lo que al castellano significa: “Los huesos que aquí estamos por los vuestros esperamos”. Pero para contar esta historia debemos retroceder algunos años en el tiempo…

En nuestro camino a Lisboa teníamos una parada obligatoria: Évora. Una ciudad de corte real que se convirtió en la arteria principal de la cultura, con monumentos e historias tan interesantes como su catedral y la primera embajada del otro extremo del mundo: Japón. Pero la historia a la que nos referimos hoy se guarda entre los muros de un templo de la ciudad.

Recuerdo la típica sensación de tranquilidad que se podía respirar en la igreja de São Francisco, un olor de incienso te acompañaba mientras el ruido de los zapatos de los visitantes rebotaba en silencioso y vacío templo. Nadie diría que unos metros más al fondo estaba esperando una terrible vista. La primera advertencia que encontré se guardaba en una de las capillas laterales, donde bajo un altar barroco estaba reposando el cuerpo incorrupto de Sta. Teresinha do Menino Jesus, una de las tantas personas que había sido bendecida por su contacto o devoción con la divinidad. Pero aquella escultura de cera con rostro sonriente me hizo al menos replantearme cómo sería la muerte, si sería un descanso eterno.

El reloj iba avanzando mientras exploraba cada capilla y rincón de la iglesia, pero aún sabía que faltaba un lugar de aquel templo que aún no había visitado. Por ello eché mano del pequeño papel arrugado que me habían dado como ticket y vislumbré rápidamente un nombre: Capela dos Ossos. Mi poco entendimiento del portugués, y también la inocencia propia de un chaval, me llevaron a pensar que se trataría de alguna capilla donde se guardaría el cuerpo disecado de algún animal, u oso (como el nombre parecía indicar), algo muy normal por otra parte ya que no era la primera vez que veía eso. Por ejemplo, el famoso cocodrilo de la iglesia de S. Ginés en Madrid, que tantas veces había oído hablar de él.

A mi lado se encontraba una pareja, de la cual entre susurros también oí el nombre de capela dos ossos, por lo que sencillamente los seguí. Al llegar al ábside mayor y tomar el camino de la derecha una melodía empezó a surgir en el ambiente. Una melodía tétrica, sacada de un órgano que parecía venir de ultratumba, y que, a mí en particular, me atravesaba el alma. Estaba distraído mirando los tickets de los monumentos, y las fotos de mi cámara digital, cuando quise darme cuenta de que habíamos cambiado de habitación, mientras la música del órgano se hacía más palpable y cercana, y la pareja que llevaba delante había desaparecido, quedándome solo en la sala.

Cuando alcé la vista unos ojos ensangrentados que parecían mirarme fijamente pidiendo clemencia se clavaron en mí, al tiempo que se vislumbraba el rostro demacrado de un Cristo arrodillado portando la cruz. He de decir que a día de hoy me sigue produciendo el mismo escalofrío que en su momento, y que su mirada aún sigue irradiando un lado oscuro.

Tal era el poder de terror que contenía aquella mirada que instantáneamente me hizo retroceder hacia las paredes de la sala, evitando tener cualquier contacto visual. Apegado a las azules paredes alicatadas de la habitación, me dejé conducir por sus escenas de via crucis llenas de muerte y violencia hacia la otra habitación a medida que aquella música de órgano que había empezado a escuchar en la iglesia se hacía más palpable y retumbaba en mi interior.

De esta manera, y cabizbajo llegué a las puertas de la capilla, donde en su frontón rezaba la frase: NOS OSSOS QUE AQUÍ ESTAMOS POR LOS VOSSOS ESPERAMOS. Decidido a entrar, di un paso al frente y caminé por debajo de aquella frase lapidaria que aún no entendía muy bien su significado. El espectáculo que me esperaba al otro lado de la sala era cuanto menos grotesco.

IMG_7458

Como si hubiese pasado a través de alguna especie de puerta dimensional, al otro lado la primera sensación que tuve fue sonora. Finalmente sabía que aquella música de órgano provenía del interior de la sala. Se trataba de música clásica, exactamente el Réquiem de Mozart, la cual ayudaba a enturbiar el ambiente y crear toda una atmósfera oscura. La segunda sensación vino de parte de la percepción, ya que tras reconocer la música sentí como si mil ojos estuviesen observándome fijamente desde todos los lados de la habitación. Nada más lejos de la realidad. Giré la cabeza para saber qué tenía de especial aquella habitación y encontré la respuesta delante de mis ojos: cinco hileras de calaveras que subían hasta el techo de la habitación decoraban la pared. Ahí tenía la respuesta a mi percepción.

Los pares de ojos huecos y vacíos de vida de las calaveras fijaban la mirada en mí. Pero no solo estaban aquellas calaveras. La gran confusión y terror que me causó aquellas calaveras no era más que el principio de la capilla, ya que tras apartar la vista de ellas lo que encontré a mi alrededor era un auténtico espectáculo macabro.

Estaba en una capilla decorada exclusivamente con miles y miles de huesos humanos usados a modo de sustento en las paredes y ventanas. Cúbitos y radios hacían de dovelas de los arcos, donde la pieza central, la clave, estaba enmarcada por dos, cuatro coxis con una calavera como centro.

Las paredes estaban sustentadas a base de cientos y cientos de tibias, peronés, y todo lo que pudiese colaborar. De las pocas ventanas donde entraba la claridad estaban recubiertas y enmarcadas por otras tantas calaveras. Pero ahí no acaba el juego macabro…

Los fustes de las seis columnas que daban soporte a la capilla igualmente estaban hechos a base de cúbitos y radios apilados horizontalmente, mientras que en las esquinas se servían de calaveras para completar el decorado.

Pero aquí no termina el juego macabro, ya que si uno miraba hacia el techo se encontraba una clara continuación. Tras seguir visualmente las columnas, uno llegaba a su capitel, donde nuevamente encontraba esos ojos vacíos que asomaban desde las alturas, y que siguiendo el trazado de las bóvedas conectaban con las otras columnas.

Todo un espectáculo propio de un sueño onírico, solo que esta vez no me podía “pellizcar” para salir del sueño.

Casi sin poder huir del lugar, cada calavera, a través de sus ojos huecos, parecía contarme una historia, su propia vida. Todas apuntaban hacia mí, como si quisieran narrar cómo era la muerte a aquellos atrevidos que eran capaces de plantarles cara y devolverles la mirada a sus cóncavos ojos. Yo simplemente no pude alzar la mirada a aquellos huesos, que un tiempo atrás fueron personas como nosotros, y que como dictaba la frase de su puerta: “aquí os esperamos”. Solo un pensamiento recorría mi mente continuamente: que aquellas calaveras habían sido, tiempo atrás, personas, hombres, mujeres, niños. Y que como tales, habían tenido su lugar en el mundo, su vida, sus amores, familia… y con ello una verdad inamovible: que, al igual que ellos, yo también era un ser mortal, y algún día también pasaría a su realidad existencial.

NOS OSSOS QUE AQUI ESTAMOS PELOS VOSSOS ESPERAMOS

NOS OSSOS QUE AQUI ESTAMOS PELOS VOSSOS ESPERAMOS

Así, de esta manera, accedí a un secreto que está al acceso de todos pero que no queremos ser conscientes. Y es que de las pocas certezas inamovibles que estamos seguros es que el tiempo gira solo en una dirección, que estamos aferrados a esa dirección, y que somos perecederos.

En otras palabras,

“Aprovechemos el tiempo que nos han dado en la Tierra para que sea algo memorable”

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Hispania mágica y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s